CRÓNICA DE UNA NOVIA EN APUROS
               
 
 

Cuando hablo de mi boda con amigos solteros que no tienen todavía ningunas ganas de casarse, no pueden creer que de verdad tome un año organizarlo todo… y a pesar de eso hayan errores.

Mi boda fue realmente particular, estresante pero divertida.  Para empezar les cuento que el día de mi boda recordé que no había comprado un dije para la soltera. Empezó la angustia.  Salí corriendo con mi mamá a alguna joyería cercana para comprar un dije bonito. Por supuesto ése día o de verdad no se conseguía nada bonito, o es que nada podía complacerme por el ataque de estrés que tenía.  En fin, al final compramos un pequeño elefante de oro… si un elefante!  Bueno, ya con eso listo podía relajarme.

Dentro de una hora más o menos me venían a maquillar y peinar a mi casa. Había cuadrado con mi estilista para que viniera a mi casa y así no soportar el “gentío” de una peluquería un sábado en la tarde.  Sólo para confirmar llamé a mi estilista.  No contesta. Llamo a su casa. No contesta. Mi corazón empieza a latir más rápidamente. Le dejo varios mensajes y espero… espero…nada.

Vale decir que se hicieron las 4 de la tarde esperando y mi boda era a las 7 pm.  Se podrán imaginar el ataque, es que ya no era angustia, era absoluto desconsuelo, desesperación, en fin. Por fín mi estilista atendió el teléfono como a las 4:15 pm.  Se había quedado dormido.  Dormido!!!! Ya por supuesto no tenía tiempo para venir a peinarme así que me pidió que más bien fuera a su casa y él me arreglaba allá.  Me fui volando y en el camino mi mamá me dio un frasquito, “tómatelo cuando llegues, es whisky”.  Efectivamente llegué y le pedí un vaso con hielo, serví el whisky y me lo tomé de un trago.  Creo que sí sirvió para relajarme un poco. Ahí mismo llegó mi Dama de Honor para arreglarse conmigo y luego irnos jjuntas a terminar de arreglar.  Nos arreglaron, nos pusieron bellas y preciosas y nos fuimos (yo manejando) volando para terminar de cambiarme.

               
 

Estaba tan apurada que al final terminamos llegando temprano a la iglesia, por lo que el chofer del carro que alquilamos nos recomendó que esperáramos un rato en la esquina de la calle donde está la iglesia, para no llegar taaan temprano.  La cosa es que para pasar el tiempo nos comimos un chicle mientras contábamos chistes en el carro, el chofer, mi papá y yo. Cuando ya teníamos unos 5 minutos de retraso decidimos ir a la iglesia, así que abrí la ventana para botar el chicle, con la mala suerte de que tenía puesto guantes y se me quedó pegado… horrible.  Con ayuda de mi papá lo despegamos y listo, no pasó nada.

Todavía tengo muchos más cuentos, pero serán para una segunda entrega.

 
 
 
CRÓNICA DE UNA NOVIA EN APUROS (Parte 2)
     
 
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