CRÓNICA DE UNA NOVIA EN APUROS (Parte 2)
         
 
 

Ya en la iglesia siguieron sucediendo cosas divertidas… es que mi boda realmente fue una sola anécdota.  Por supuesto los niños que llevaban los anillos y las arras nunca se estuvieron quietos, por lo que el cura al momento de bendecir las alianzas, aprovechó de bendecirlos a ellos también, a ver si se calmaban. Jajaja.  En medio de la ceremonia me dieron unas ganas horribles de toser, pero como no quería hacerlo me estuve conteniendo todo el tiempo, lo que me llevó hasta las lágrimas (literalmente). Para que nadie viera que había llorado un poquito, me sequé discretamente con la mano, con la mala suerte de que me volví a olvidar que llevaba guantes. Se podrán imaginar que el pobre guante quedó con una línea negra del delineador. Moraleja, no usen guantes, ni largos ni cortos, no los usen!

Ya en la salida y luego de las felicitaciones de rigor, nos fuimos en nuestro bellísimo mercedes blanco liderando la caravana. Un coro de ta ta ta ta taaaan de cornetas nos seguía en el camino, estábamos súper emocionados, recién casados y ya disfrutando de una copa de champagne.  De pronto extrañamente el chofer empezó a dar la vuelta, cuando le preguntamos la razón nos confesó que se había perdido y que por ahí no llegaríamos al salón de fiestas. Consecuencia de la vuelta?  Pasamos toda la cola de caravana de regreso y las caras de sorpresa de los invitados en los carros eran para morirse de la risa. 

Por fin cuando llegamos al salón no nos dejaban bajar del carro. Nadie nos explicaba nada, simplemente teníamos que quedarnos en el carro. Al final supimos la razón, la persona encargada, de llevar las rositas con el arroz dentro para la entrada triunfal al salón, que por cierto era mi hermana, no había llegado.  Al final el gerente del salón nos consiguió un poco de arroz y así logramos entrar bajo la famosa lluvia de arroz.  Por si quedaron curiosos, mi hermana llegó como media hora después.

La fiesta fue genial, la música excelente, la Orquesta Tecnocombo VIP por si quieren el dato.  Nada, de ahí en adelante lo que hicimos fue disfrutar, bailar, compartir, reirnos y brindar con todos los que nos acompañaron.

Así que ya ven, mi boda fue una serie de anécdotas, errores, angustias… pero justamente eso la hizo más especial de lo que ya era. Hoy, 10 años después todavía la recuerdo como si fuera ayer.

     
   
 
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